Fábrica de puertas abiertas

Desde 1912, La Molisana produce pasta de calidad: ningún secreto, ninguna magia, solo el empleo de materias primas excepcionales y de competencias integradas y consolidadas.


Nuestra empresa no tiene paredes, todo es transparente, sin ningún filtro: así es como pensamos que debe ser. Estar expuestos no nos asusta, al contrario nos estimula. De hecho, estamos convencidos de que las empresas deben ofrecer no tan solo productos, sino también servicios, y somos conscientes de que hacer una buena pasta es nuestro trabajo, y hacer que el consumidor sea un interlocutor crítico y exigente es nuestra misión.

La Molisana abre las puertas de sus fábricas con el convencimiento de que el hecho de poder ver de cerca la producción de pasta es educativo e interesante. Ver cómo se trabaja, de dónde proceden las materias primas, qué aporte de proteínas se garantiza, en qué se diferencia La Molisana de otras marcas de pasta, contribuye a crear un bagaje de información que hacen que el consumidor sea totalmente consciente de su opción de compra.

Por esto, las visitas que proponemos se articulan a través de un recorrido que ilustra la cadena completa de la pasta: desde la molienda del trigo en el molino a la realización de la pasta en la fábrica. En esta experiencia educativa hemos reservado un espacio importante a la historia de la empresa y a su relación con el territorio.

Escuelas

Desde siempre, La Molisana recibe a alumnos de escuelas y les organiza visitas guiadas. Casi todos los empleados han visitado la empresa, al menos una vez, en calidad de estudiantes, y mantienen vivo el recuerdo de una producción fascinante y compleja. La tradición continúa y la oferta es cada vez más atractiva porque existe un equipo que la convierte en una experiencia de marca interesante y formativa.

La visita se estructura en varias fases, de las cuales los aspectos fundamentales contemplan la historia de la empresa, la visita de la producción y una reunión con un experto. Además diferenciamos el recorrido según la edad y la orientación académica de los participantes, privilegiando los aspectos técnicos más que los de comunicación y marketing.

En general, los más pequeños en edad escolar entre los 6 y 10 años son los más receptivos, dispuestos a escuchar y participar de manera activa. Y es en ellos en los que invertimos la mayoría de nuestros recursos porque saben apreciar el momento lúdico de Manos en la masa, el laboratorio manual en el que meten las manitas en la masa hecha a mano emulando el proceso de elaboración que verán durante la visita. Pero muestran especial atención también a las fases más didácticas, en las que a través del chef Spighetto, damos indicaciones sobre la educación alimentaria, nociones que se llevan a casa con entusiasmo.

Nuestra aportación es modesta y expresa la voluntad de estar cerca de los consumidores porque estamos convencidos de que un consumidor exigente es un ciudadano consciente y por tanto un recurso para la comunidad.